Arroz con carrillera

“Ryo tuvo la impresión de que esa mañana el café estaba algo más amargo de lo habitual; le gustaba el café amargo, pero no tanto, así que añadió media cucharada de miel, lo justo para atenuar el exceso de amargor. Era sábado y tenía el día libre, así que tras tomarse el café se puso la ropa de deporte y salió a correr. Catorce kilómetros comenzando suave pero incrementando progresivamente el ritmo para acabar con las pulsaciones altas y esa sensación de fatiga muscular que tanto le gustaba. Después se dio una ducha muy caliente hasta casi quemarse la piel y salió a pasear con el perro, seis kilómetros más de caminata para completar el ejercicio del día.

Delicioso arroz con carrillera

Unas mil quinientas calorías consumidas haciendo deporte le ayudaban a tener la conciencia tranquila para un buen almuerzo, así que se abrió una cerveza bien fría mientras cocinaba uno de sus platos preferidos, un arroz con carrillada. Le encantaba la sensación de la cerveza fría pasando con diminutas burbujas de gas por su garganta mientras cocinaba, así que ése era otro momento del día de pico de felicidad, incluso más que sentarse a comer el plato de arroz. Ryo siempre tenía caldo de carne en el congelador así que el tiempo de cocinado no pasaba de la media hora y podía acometer cada paso sin prisas. Añadió poca sal -se había acostumbrado a cocinar así para que la sal no tapara el sabor de los alimentos- y sirvió dos platos, uno para él y otro para Lolo, su amigo perrete.

Con la sensación de fatiga y el estómago lleno se sentó un rato en el sofá a descansar mientras veía una película; todos los días veía una y hoy se había decantado por un clásico de 1982, ‘Blade Runner’, con un jovencísimo Harrison Ford y decorados futuristas que le sirvieron de inspiración para un relato de ciencia ficción, así que nada más acabar la película comenzó a escribir una historia en la que la población utilizaba la realidad virtual para volver al pasado y recrear experiencias que ya no era posible vivir como pasear por la montaña o bañarse en un río con el agua helada y limpia.

Ryo tuvo que dejar el relato pronto porque había quedado para dar un paseo por el centro de la ciudad con una amiga y estaba a punto de llegar, así que fue a su habitación a arreglarse. Enseguida sonó el timbre y acudió a abrir, pero en cuanto vio a Raquel intuyó que ella había decidido cambiar los planes y una sensación de pérdida de conciencia recorrió todo su cuerpo. Raquel avanzó hasta casi pegarse a él por completo, cerró la puerta y comenzó a dar pasos cortos hacia el salón, siempre muy cerca y sujetándolo por la cintura para que no se distanciara, empujándolo despacio hasta hacerlo caer sobre el sofá, sentándose entonces sobre él e inclinándose hacia delante para meter sus manos por debajo de su camiseta y quitársela mientras lo acariciaba y le mordía suavemente los pezones. Mientras se balanceaba sobre él, Raquel se fue quitando la blusa; luego bajó las manos para desabrocharle el pantalón y deslizarlo hacia los tobillos, y se subió de nuevo de nuevo con la falda levantada hacia la cintura y las piernas abiertas para guiar a Ryo hacia dentro y entonces mecerse rítmicamente sobre él, con él, hasta gritar y estremecerse y callar. Ya en la habitación continuaron en la penumbra las caricias, el roce de un cuerpo con el otro, el tacto de la piel tibia y suave, la cadencia de los jadeos, pequeños mordiscos, y vaciarse una y otra vez hasta tener la sensación de estar completamente agotados y quedarse dormidos”.

Durante las ocho horas siguientes, Ryo recibiría estímulos que recrearían ocho horas de sueño y que incluso le harían tener la sensación de despertar varias veces para abrazar el inexistente cuerpo físico de Raquel. Tumbado dentro de una cabina y en total oscuridad, una mascarilla le aportaba el oxígeno necesario, una sonda los nutrientes y en su cerebro recibía estímulos programados para generar sensaciones y experiencias de forma aleatoria. Sería noviembre de 2819, Ryo llevaría así más de seiscientos años y junto a él, en un gigantesco refugio subterráneo en el que había dejado de medirse el paso del tiempo y fuera del cual ya no existía nada, se extendían más de diez mil millones de cabinas, todas iguales, todas en una oscuridad total.

“Cuando Ryo se despertó el domingo, Raquel ya se había marchado. Se dio una ducha y bajó a tomarse un café. Hoy el café no estaba tan amargo y sonrió, satisfecho y aún fatigado”.

Receta del arroz con carrillada:

Ingredientes para 4 personas:

  • 4 dientes de ajo
  • 1 cebolla mediana
  • 1 zanahoria
  • 1 pimiento verde
  • Pimentón dulce
  • 1 tomate grande rallado
  • 2 hojas de laurel
  • 1 vaso de vino blanco de guiso
  • ½ kg de carrilleras de cerdo
  • Sal, pimienta
  • 400 gramos de arroz
  • Unos 2 litros de caldo de carne o agua, aproximadamente

1.- Lo primero que haremos será preparar los ingredientes: partimos en trozos pequeños el ajo, la cebolla y el pimiento; la zanahoria la pelamos y cortamos en rodajas y finalmente partimos también las carrilleras de cerdo en dados de un tamaño similar a las rodajas de zanahoria.

2.- En una paellera o en una sartén grande y adecuada para hacer el arroz ponemos un poco de aceite, solo lo suficiente para cubrir el fondo. Calentamos el aceite y echamos el laurel.

3.- Incorporamos a continuación las verduras del sofrito: pimiento, zanahoria, ajo y cebolla, y rehogamos unos minutos.

4.- Antes de que la cebolla empiece a dorarse incorporamos los trozos de carrillera y seguimos rehogando unos minutos a fuego medio, removiendo constantemente para que se hagan por el exterior.

5.- Cuando las carrilleras estén hechas por fuera (solo por fuera, ya que por dentro acabarán de hacerse en el proceso de cocción) incorporamos al conjunto una cucharada grande de pimentón dulce, removemos y rápidamente añadimos el tomate rallado, moviendo también enseguida para evitar que se queme el pimentón.

6.- Cocinamos durante unos cinco minutos el conjunto y cuando el tomate esté frito añadimos el vaso de vino y subimos la potencia del fuego para que se evapore el alcohol.

7.- A continuación añadimos el caldo de carne y mantenemos el fuego alto para cocinar la carne y que se vaya poniendo más tierna, incluso deshaciéndose.

8.- Tras cocer unos cinco minutos añadimos el arroz y removemos, para repartirlo de forma homogénea por toda la paellera. Mantenemos a fuego fuerte unos cinco minutos y luego bajamos la potencia del fuego y cocinamos a fuego medio durante al menos diez minutos; tendremos que ir jugando con la potencia del fuego para que se consuma más o menos caldo, según deseemos el punto final del plato. Dado que la base de este arroz es muy sabrosa, nosotros solemos darle un toque como ‘meloso’, así que dejamos algo de caldo y evitamos que se quede completamente seco.

9.- Cuando el arroz esté hecho ‘al dente’, servimos y os aseguramos que os sorprenderá la potencia del guiso

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