Atún encebollado

Un simple estornudo fue suficiente para derribar la torre de juguete que la pequeña Paula estaba construyendo con pequeñas piezas de madera de colores vivos sobre la alfombra de su cuarto. Había logrado un equilibrio casi milagroso, como un puzzle en el que todo encaja pero que al caer una pieza se viene abajo en un segundo. Entonces percibió la fragilidad de la estructura y rompió a llorar desconsolada, irracional.

Atún encebollado

El llanto de Paula se mezcló con el sonido de la televisión que estaba encendida en el salón de la casa a pesar de que no había nadie viéndola, y en la que los presentadores de un informativo se esforzaban por aumentar la audiencia simplificando la información y presentando las noticias con una mal disimulada carga dramática para mover en los espectadores todo tipo de impulsos y así mantenerlos, emocionados, frente a la pantalla.

La última noticia que había escuchado el padre de Paula era la situación cada vez más conflictiva en la frontera del país, con imágenes de militares y carros de combate bloqueando los pasos fronterizos en ambos sentidos e impidiendo la circulación de personas y mercancías. Sin pensarlo dos veces, saltó del sofá y se montó en el coche para comprar garrafas de agua potable, harina y cualquier otro suministro que pudiera ser necesario si la situación se complicaba.

Tras recorrer varias tiendas y no poder comprar nada, bien porque estaban cerradas o bien porque aquellas que permanecían abiertas tenían agotados los productos básicos, se dejó arrastrar aún más por el miedo, como si él y Paula estuvieran ante una muerte segura.

Su miedo no era un caso aislado, sino que podía considerarse una muestra del estado de shock  en el que se encontraba la población por las noticias cada más más alarmantes y alarmistas que llegaban desde la frontera. Los mensajes de las autoridades habían contribuido a crear ese pánico colectivo, ya que limitados por su falta de preparación y condicionados por las encuestas, sus asesores y la obsesión por no perder votos se habían mostrado incapaces de controlar de controlar la situación; con mensajes que no perdían nunca el tono electoralista, los líderes políticos se habían volcado tanto hacia los extremos que habían acabado por dibujar un escenario como el de esas películas en las que se produce una invasión extraterrestre y el fin del mundo parece inminente.

Su siguiente impulso fue sacar todo el dinero del banco para tener la certeza de disponer de él cuando fuera necesario. Le asaltó el pensamiento de que los dueños de las tiendas habrían almacenado agua y alimentos para comerciar con ellos más adelante, cuando el desabastecimiento y la desesperación harían crecer los precios y surgiera un mercado negro incontrolable, pero los bancos estaban también cerrados, desbordados por la falta de liquidez.

Derrotado, con sensación de impotencia, regresó a su casa y abrazó a Paula, que seguía llorando. Al ver las piezas de madera en el suelo se entristeció imaginando cómo se habría derrumbado esa frágil estructura de juguete y a la vez sonrió al pensar en esa parte irracional de los niños que es capaz de crear un problema de la nada.

Esa noche para cenar sacó del congelador un lomo de atún y lo cocinó encebollado, porque era uno de los pocos platos de pescado que comía Paula; se acostó justo tras recoger la cocina, ya más calmado y con la intención de levantarse temprano para ir a trabajar como cada día, como tanta gente, durante un día, y otro, y otro…

Atún encebollado:

1.- Para dos personas utilizaremos ½ kilo de atún cortado en dados de unos 2 centímetros de lado, aproximadamente. Salpimentamos los dados de atún mientras preparamos el resto de ingredientes.

2.- Pelamos y laminamos 2 ó 3 dientes de ajo, y cortamos la cebolla en juliana: 1 cebolla si es grande o 2 sin son pequeñas.

3.- En una sartén con un poco de aceite doramos los dados de atún; si la sartén no es suficientemente grande, lo hacemos por tandas, para que el atún no se cueza. Una vez dorado el atún, reservamos en un recipiente.

4.- Añadimos un poco más de aceite a la sartén, doramos los ajos y añadimos la cebolla, la cual pochamos a fuego medio-bajo para que no coja color y quede transparente.

5.- Cuando la cebolla esté transparente añadimos una cucharadita de pimentón, una hoja de laurel y medio vaso de vino blanco de guiso, y removemos rápido para que no se queme el pimentón.

6.- Incorporamos el atún y añadimos medio vaso de agua, cocinando todo a fuego medio para hasta que se evapore el agua y quede un fondo de salsa para acompañar el atún.

7.- Rectificamos de sal y… es un plato que se puede comer caliente o frío.

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