Hummus

Aunque era uno de sus platos estrella, Fátima nunca imaginó que su hummus llegaría tan lejos. Había cocido los garbanzos la noche anterior para poder acabarlo rápido. Era martes, había mercadillo en el pueblo y quería comprar ropa para los niños porque la mayoría se les había vuelto a quedar pequeña, así que se levantó temprano, desayunó y tras recoger la casa fue a la cocina para terminar el hummus.

Vertió los 500 gramos de garbanzos cocidos en un bol y añadió un diente de ajo rallado, una cucharada de tahiní, el zumo de un limón, un poco de comino y aceite de oliva suficiente para ligarlo todo bien y que quedara con la textura deseada. Con un tenedor y paciencia, lo trituró y mezcló todo perfectamente y lo dejó listo para untarlo en el almuerzo.

Guardó el hummus y salió. En el mercadillo le compró un pantalón y un chaleco a cada niño -el mayor acababa de cumplir dieciséis años y el pequeño estaba a punto de cumplir once- para que pudieran ir a la escuela bien vestidos al menos algunos días, y compró también pan de pita para tostarlo y untar el hummus.

Regresó a casa antes de lo que pensaba y se encontró en la cocina a su hijo mayor; tan sólo lo vio llenar un bote de cristal con hummus y guardarlo en la mochila:

  • ¿No comes en casa?
  • No, mami.
  • ¿Por qué has salido antes de la escuela?
  • Luego te cuento. ¡Un beso!
  • ¡Adiós, un beso!

Lo vio salir con la mochila y juntarse en la esquina de la calle con otros niños de su clase que lo estaban esperando, y salir todos corriendo.

Fátima se enteró por la tarde de que casi cuarenta vecinos del pueblo, entre ellos varios niños, habían partido al mediodía en una embarcación para cruzar el Estrecho; a los dos días supieron que no pudieron finalizar el viaje porque encallaron de noche en unas rocas a unos trescientos metros de la playa. Sólo sobrevivieron siete viajeros y entre los fallecidos había uno con una mochila, un bote con un poco de hummus y una botella de agua vacía. Las pocas veces que podía dormir, Fátima lo hacía agarrada con rabia al chaleco que había comprado aquella mañana en el mercadillo y que nunca lo estrenó nadie.

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